Hans

Liberator Hans

hans

 


Conoce a Hans
Edad:
54
País: Países Bajos
Hemofilia A
Reto: Llegar a la cima del bosque Ravenbosch

 


 

Conoce a Lienke
Edad:
28
País: Países Bajos
Papel en el reto: Entrenadora y emprendedora

lienke

Hola, mi nombre es Hans. Tengo hemofilia grave con una comorbilidad compleja, pero con agallas y una actitud positiva me las arreglo para tener una buena salud. Ya no pienso en las cosas que no puedo hacer sino en las cosas que puedo hacer y las disfruto con mi mujer Sosia cada día.

Me reto constantemente para mantenerme activo. Con 54 años, me considero un experto en ver la vida desde la perspectiva de un paciente. Hace unos años, escribí una autobiografía que es muy conocida entre pacientes y cuidadores. A raíz de ello, entreno a otras personas y doy conferencias sobre hemofilia y coinfecciones.

1: El comnienzo

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El reto ha comenzado. El momento en el que salgo del coche tengo la sensación de estar en un sitio que me resulta familiar. Después de todo, este es el bosque en el pasé mucho tiempo cuando era un niño. Mi abuelo me traía aquí desde el día en que pude caminar. Al principio, veníamos a un sitio en el que, en otoño, puedes encontrar unas castañas deliciosas. Me enseñó cómo sacarlas con cuidado de la cáscara llena de pinchos y a pelarlas y, luego, nos las comíamos juntos.

Mi abuelo tenía su propia opinión sobre la hemofilia. Él solía decir: “Anda, ¡dejadlo estar!”. Y ahora, después de haber podido venir hasta el bosque en los últimos nueve años debido a mi enfermedad, por fin pongo de nuevo los pies en la región de Ravensbosch. De momento, me centraré en superar la parte llana. Es la mayor distancia que tendré que caminar. Me cuesta un poco acostumbrarme al suelo porque caminar en el bosque es muy diferente a caminar por zonas pavimentadas. Me siento bien, motivado y en forma. En gran parte, gracias a los consejos de mi entrenadora, Lienke.

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Todas las mañanas me pongo delante del espejo y me miró fijamente mientras me digo a mí mismo en voz alta que voy a ser capaz de conseguirlo. El sol brilla y, aunque me encuentro en la parte más baja del bosque, las vistas son maravillosas. Mi nivel de coagulación es bueno, así que eso no me dará ningún problema. Estoy muy contento de ponerme las botas de montaña, ya que eso significa que las puedo usar de nuevo después de tanto tiempo. Según camino, me siento más estable de lo que esperaba, pero noto un poco de resistencia en mi tobillo izquierdo. No fuerces demasiado tan pronto, me digo. Tengo que acostumbrarme al entorno mientras los recuerdos del pasado no hacen más que aparecer ante mis ojos.

Solía caminar, correr y explorar por esta zona. Me afecta más de lo que esperaba. Mis articulaciones tienen también que encontrar la manera de moverse de nuevo. Nueve años es mucho tiempo. Con cada paso que doy, tengo que tener cuidado en dónde pongo los pies. En mi primera salida, tras andar 500 metros, decidí dar la vuelta. Después de todo, tengo que caminar la misma distancia de vuelta.

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Es un comienzo al menos y, según mi agenda, mi esposa Sosia y yo tenemos una cena con unos amigos en nuestro restaurante favorito mañana. Y, por supuesto, no me quiero perder ese evento. Iré poco a poco aumentando la distancia que camino.

2: Desafíos y recuerdos

Para una persona puede ser un desafío caminar en un parque, mientras que, para otra, incluso esto puede ser algo impensable. Con eso en mente, continuo para enfrentarme a mi reto de hoy. Me pregunto a mí mismo si esto es realmente un reto para mí… caminar un poco por el bosque. El camino es llano al principio. Después, está la zona con cuestas que me llevará a las escaleras naturales con cientos de escalones.

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Las escaleras me subirán a 48 metros de altitud en el bosque. Y, desde allí, el tramo final del camino vuelve a ser llano hasta llegar a la zona que quiero alcanzar en mi desafío. “¿No fue en 2016 cuando subí y bajé las 508 escaleras del Wilherminaberg (Montaña Wilhelmina)? ¿No debería esto ser entonces muy sencillo?”. Esas escaleras tenían unos escalones regulares y un pasamanos. Ahora, me estoy enfrentando a un terreno blando, desigual, con cuestas y unas escaleras naturales en donde cada paso que doy es diferente al anterior. Mi conclusión es que esto definitivamente es un desafío para mí.

Hoy soy capaz de completar la primera parte de la ruta, la llana y más larga. Lienke me ha enseñado a marcarme un objetivo para cada día, en lugar de definir el objetivo final. Esto me ayuda mucho y hace que sea más sencillo caminar cada día. Siempre he disfrutado de caminar, incluso cuando era un niño pequeño. Si alguna vez tenía la oportunidad, me escapaba con el pensamiento de las reuniones aburridas para perderme en el bosque, pero nunca llegaba lo suficientemente lejos, ya que algo me reclamaba siempre. Sin embargo, ahora soy mi propio jefe.

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Mi objetivo es lograr este desafío en un periodo de cinco semanas. Durante los 27 años que he estado en activo en el mundo del periodismo, siempre he tenido que lidiar con plazos establecidos, así que ahora me he puesto este plazo a mí mismo. Me concentro en cada paso que doy y disfruto de la tranquilidad del bosque, mientras los recuerdos no paran de trabajar horas extra. Saltan en todas las direcciones, adelante y atrás a través del tiempo. La primera parte llana está superada. Mi tobillo no se queja y eso es bueno para enfrentarme a la siguiente etapa, la etapa con las subidas.

No quiero forzarme en esa parte, sino que quiero ir superándola poco a poco. Con los consejos de Lienke en mente, estoy seguro de que todo saldrá bien. Porque, tal y como ella me ha aconsejado, me voy a dar una recompensa cuando logre este desafío.

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3: La parte inclinada

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Estoy tan contento de poder caminar por aquí. Hace cuatro años no habría ni siquiera soñado con este momento. Debido a las consecuencias de estar años infectado con VIH y hepatitis C, tuve que pasar medio año hospitalizado, más muerto que vivo. Ese periodo tuvo un gran impacto en mi cuerpo, casi no podía caminar, perdí 25 kilos de peso y acabé con un nivel de forma física cercano a cero. Los tres años de rehabilitación que le siguieron estuvieron llenos de muchas dificultades y recaídas.

Y, ahora, estoy caminando aquí de nuevo, de camino al lugar especial de mi difunto padre. La zona con cuestas es más inclinada de lo que recordaba y es dura tanto para mi respiración como para mi tobillo. Las rodillas están aguantando el ritmo bien. Siento músculos que no había sentido durante mucho tiempo, pero me estoy empezando a preocupar sobre como haré para volver porque es más fácil caminar hacia arriba que hacia abajo. Está siendo un día caluroso.

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Afortunadamente, refresca mucho en la noche, así que, durante las primeras horas de la mañana, el aire es frío. No quiero pensar en hacer esto en campo abierto con 30º de calor y sin la sombra de los árboles que me protegen. Me he reservado dos días para superar la parte empinada. Lienke me ha enseñado cómo convertir miedos y dudas en éxitos. Antes de comenzar este reto, tuve una gran duda: la parte inclinada. ¿Y si algo salía mal? Siguiendo el consejo de Lienke, compartí mi desafío en redes sociales antes de enfrentarme a ello y, afortunadamente, mucha gente se ofreció voluntaria para caminar conmigo una parte del camino.

Me alegro mucho de haber aceptado estas propuestas. Desde que acabé la parte llana hay siempre alguien caminando conmigo, y eso me hace sentir seguro. Tan seguro que puedo dejar mis dudas atrás y disfrutar del entorno.

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4: Escaleras sí, escaleras no

Ahora que la parte llana está superada y he podido enfrentarme a la zona empinada, llega el momento del test final: las escaleras. Tras terminar la última parte de la zona en cuesta, hay muy poca distancia hasta el comienzo de las escaleras. Esos escalones sirven para salvar la última parte del camino, ya que es extremadamente empinada. Mientras llegaba a ellas, mis pensamientos viajaron 43 años atrás en el tiempo. Llegaron a un momento con mi abuelo en el que cuando llegué al final de las escaleras, comencé a correr hacia abajo por un camino muy estrecho. La bajada era tan empinada que no podía parar.

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Todo llega a un final, incluso ese camino tan estrecho. Y eso me forzó a parar abruptamente agarrándome a un árbol muy joven. Tan joven que se dobló un poco por mi impulso. Aparte de algunos pequeños arañazos, no sufrí ningún sangrado adicional. El joven árbol sigue ahí y se ha convertido en un gran árbol, pero está un poco torcido. De pronto, volví al presente. Al llegar a la última curva, vi con horror que las escaleras habían desaparecido. ¿Cómo podía ser eso? ¿A dónde se habían ido las escaleras? Reconocí el árbol inmediatamente, pero las escaleras… traté de mirar y ver si aparecían más arriba.

Pero otra curva y los árboles bloqueaban mi visión. Afortunadamente, en ese momento, llegó una mujer con dos perros. Ella me contó que las escaleras estaban aún allí, pero que hacía unos años, durante unos días de lluvia intensa, se habían cubierto por una capa de barro que las seguía ocultando. ¿Y ahora qué? La mujer me dijo que la cuesta, con una inclinación de más del 30%, era casi imposible subirla y que por eso evitaba ese camino. Eso significaba que yo también tendría que tomar un camino diferente para llegar a la cima. Desafortunadamente, no había escalera sino otra cuesta y un gran rodeo

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Por un momento, temí que el reto se encontraba en serio peligro de no poder completarse. La ruta que estaba obligado a hacer era una que no había hecho casi nunca. Cada curva que tomaba me hacía ver que el camino continuaba más y más inclinado y nunca parecía llegar al final. Este camino atraviesa el bosque de un lado para otro. A estas alturas, mi tobillo estaba acostumbrado al movimiento constante y no estaba oponiendo resistencia.

De pronto, me di cuenta de que estaba bastante cómodo caminando. Ascendía poco a poco, pero completando una gran distancia. Según la aplicación de localización que llevaba, había recorrido más de un kilómetro extra. Si se quiere, se puede... Y lo logré. Esta ruta alternativa había sido completada. Ahora, tenía que prepararme para el gran final. Completar el desafío.

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5: El final

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Ahora que estoy curado de hepatitis C y el virus VIH no era detectable, sigo dando pequeños pasos hacia adelante. No pienso en aquellas cosas que no puedo hacer, si no en las cosas que sí puedo. Impartir charlas acerca de la hemofilia y las coinfecciones y proporcionar entrenamiento en la Fundación “La persona detrás del paciente” (Stichting Mens Achter de Patiënt) son actividades que me gustan y a las que dedico mucho tiempo. Hoy me siento excepcionalmente bien. Puedo decir que he completado el reto.

En este momento tan especial estuve acompañado por Sosia (mi esposa), mi madre y un gran amigo mío. Cuando pude ver el punto que marca el final del camino, las sensaciones de alegría y satisfacción me invadieron. Pensé, voy a tener éxito en este desafío. En ese tramo final, pasé por delante del punto al que habría llegado si hubiera subido por las escaleras. Mirando hacia abajo, pude ver claramente que las escaleras están cubiertas por una capa de barro. Es en ese momento en el que me doy cuenta de que he hecho seis veces la distancia que tenía pensado caminar.

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¿Qué tipo de desafío ha sido este? El mayor desafío diría yo. Al llegar al final me permití un descanso mayor de lo que tenía pensado. Estaba tan orgulloso de mí mismo por llegar y estar allí. Es algo que no me habría podido imaginar que sería capaz de realizar el año pasado y allí estaba. Cuando me llegó la propuesta de realizar un desafío, me vinieron muchos recuerdos a la mente, pero Lienke fortaleció mi mente y eso es algo que he notado también físicamente. Hacer cada día un poquito más para finalmente llegar a completar el reto.

Según estoy aquí, me prometo a mí mismo que esta no será la única vez. De hecho, quiero mantener este nivel de forma física. Así Sosia y yo podremos hacer más cosas juntos de las que hemos podido hacer hasta ahora. Tiendo a pensar demasiado y siempre me imagino obstáculos en mi camino. Obstáculos que me pongo a mí mismo. Voy a dejar que esos obstáculos desaparezcan. No pensar, tan sólo hacer y si al final resulta que algo no puede hacerse, al menos lo habré intentado y habrá una solución. Aprender a dejar ir a esos obstáculos, será la gran recompensa de haber superado este reto. Además, por supuesto, de helado como recompensa extra. La experiencia que he tenido enfrentándome y completando este reto me hacen muy feliz. Es algo que no me habría querido perder por nada del mundo.

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Es posible vivir más allá de la hemofilia

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País: Países Bajos
Hemofilia A
Reto: Llegar a la cima del bosque Ravenbosch

 


 

Conoce a Lienke
Edad:
28
País: Países Bajos
Papel en el reto: Entrenadora y emprendedora

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Hola, mi nombre es Hans. Tengo hemofilia grave con una comorbilidad compleja, pero con agallas y una actitud positiva me las arreglo para tener una buena salud. Ya no pienso en las cosas que no puedo hacer sino en las cosas que puedo hacer y las disfruto con mi mujer Sosia cada día.

Me reto constantemente para mantenerme activo. Con 54 años, me considero un experto en ver la vida desde la perspectiva de un paciente. Hace unos años, escribí una autobiografía que es muy conocida entre pacientes y cuidadores. A raíz de ello, entreno a otras personas y doy conferencias sobre hemofilia y coinfecciones.

1: El comnienzo

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El reto ha comenzado. El momento en el que salgo del coche tengo la sensación de estar en un sitio que me resulta familiar. Después de todo, este es el bosque en el pasé mucho tiempo cuando era un niño. Mi abuelo me traía aquí desde el día en que pude caminar. Al principio, veníamos a un sitio en el que, en otoño, puedes encontrar unas castañas deliciosas. Me enseñó cómo sacarlas con cuidado de la cáscara llena de pinchos y a pelarlas y, luego, nos las comíamos juntos.

Mi abuelo tenía su propia opinión sobre la hemofilia. Él solía decir: “Anda, ¡dejadlo estar!”. Y ahora, después de haber podido venir hasta el bosque en los últimos nueve años debido a mi enfermedad, por fin pongo de nuevo los pies en la región de Ravensbosch. De momento, me centraré en superar la parte llana. Es la mayor distancia que tendré que caminar. Me cuesta un poco acostumbrarme al suelo porque caminar en el bosque es muy diferente a caminar por zonas pavimentadas. Me siento bien, motivado y en forma. En gran parte, gracias a los consejos de mi entrenadora, Lienke.

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Todas las mañanas me pongo delante del espejo y me miró fijamente mientras me digo a mí mismo en voz alta que voy a ser capaz de conseguirlo. El sol brilla y, aunque me encuentro en la parte más baja del bosque, las vistas son maravillosas. Mi nivel de coagulación es bueno, así que eso no me dará ningún problema. Estoy muy contento de ponerme las botas de montaña, ya que eso significa que las puedo usar de nuevo después de tanto tiempo. Según camino, me siento más estable de lo que esperaba, pero noto un poco de resistencia en mi tobillo izquierdo. No fuerces demasiado tan pronto, me digo. Tengo que acostumbrarme al entorno mientras los recuerdos del pasado no hacen más que aparecer ante mis ojos.

Solía caminar, correr y explorar por esta zona. Me afecta más de lo que esperaba. Mis articulaciones tienen también que encontrar la manera de moverse de nuevo. Nueve años es mucho tiempo. Con cada paso que doy, tengo que tener cuidado en dónde pongo los pies. En mi primera salida, tras andar 500 metros, decidí dar la vuelta. Después de todo, tengo que caminar la misma distancia de vuelta.

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Es un comienzo al menos y, según mi agenda, mi esposa Sosia y yo tenemos una cena con unos amigos en nuestro restaurante favorito mañana. Y, por supuesto, no me quiero perder ese evento. Iré poco a poco aumentando la distancia que camino.

2: Desafíos y recuerdos

Para una persona puede ser un desafío caminar en un parque, mientras que, para otra, incluso esto puede ser algo impensable. Con eso en mente, continuo para enfrentarme a mi reto de hoy. Me pregunto a mí mismo si esto es realmente un reto para mí… caminar un poco por el bosque. El camino es llano al principio. Después, está la zona con cuestas que me llevará a las escaleras naturales con cientos de escalones.

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Las escaleras me subirán a 48 metros de altitud en el bosque. Y, desde allí, el tramo final del camino vuelve a ser llano hasta llegar a la zona que quiero alcanzar en mi desafío. “¿No fue en 2016 cuando subí y bajé las 508 escaleras del Wilherminaberg (Montaña Wilhelmina)? ¿No debería esto ser entonces muy sencillo?”. Esas escaleras tenían unos escalones regulares y un pasamanos. Ahora, me estoy enfrentando a un terreno blando, desigual, con cuestas y unas escaleras naturales en donde cada paso que doy es diferente al anterior. Mi conclusión es que esto definitivamente es un desafío para mí.

Hoy soy capaz de completar la primera parte de la ruta, la llana y más larga. Lienke me ha enseñado a marcarme un objetivo para cada día, en lugar de definir el objetivo final. Esto me ayuda mucho y hace que sea más sencillo caminar cada día. Siempre he disfrutado de caminar, incluso cuando era un niño pequeño. Si alguna vez tenía la oportunidad, me escapaba con el pensamiento de las reuniones aburridas para perderme en el bosque, pero nunca llegaba lo suficientemente lejos, ya que algo me reclamaba siempre. Sin embargo, ahora soy mi propio jefe.

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Mi objetivo es lograr este desafío en un periodo de cinco semanas. Durante los 27 años que he estado en activo en el mundo del periodismo, siempre he tenido que lidiar con plazos establecidos, así que ahora me he puesto este plazo a mí mismo. Me concentro en cada paso que doy y disfruto de la tranquilidad del bosque, mientras los recuerdos no paran de trabajar horas extra. Saltan en todas las direcciones, adelante y atrás a través del tiempo. La primera parte llana está superada. Mi tobillo no se queja y eso es bueno para enfrentarme a la siguiente etapa, la etapa con las subidas.

No quiero forzarme en esa parte, sino que quiero ir superándola poco a poco. Con los consejos de Lienke en mente, estoy seguro de que todo saldrá bien. Porque, tal y como ella me ha aconsejado, me voy a dar una recompensa cuando logre este desafío.

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3: La parte inclinada

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Estoy tan contento de poder caminar por aquí. Hace cuatro años no habría ni siquiera soñado con este momento. Debido a las consecuencias de estar años infectado con VIH y hepatitis C, tuve que pasar medio año hospitalizado, más muerto que vivo. Ese periodo tuvo un gran impacto en mi cuerpo, casi no podía caminar, perdí 25 kilos de peso y acabé con un nivel de forma física cercano a cero. Los tres años de rehabilitación que le siguieron estuvieron llenos de muchas dificultades y recaídas.

Y, ahora, estoy caminando aquí de nuevo, de camino al lugar especial de mi difunto padre. La zona con cuestas es más inclinada de lo que recordaba y es dura tanto para mi respiración como para mi tobillo. Las rodillas están aguantando el ritmo bien. Siento músculos que no había sentido durante mucho tiempo, pero me estoy empezando a preocupar sobre como haré para volver porque es más fácil caminar hacia arriba que hacia abajo. Está siendo un día caluroso.

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Afortunadamente, refresca mucho en la noche, así que, durante las primeras horas de la mañana, el aire es frío. No quiero pensar en hacer esto en campo abierto con 30º de calor y sin la sombra de los árboles que me protegen. Me he reservado dos días para superar la parte empinada. Lienke me ha enseñado cómo convertir miedos y dudas en éxitos. Antes de comenzar este reto, tuve una gran duda: la parte inclinada. ¿Y si algo salía mal? Siguiendo el consejo de Lienke, compartí mi desafío en redes sociales antes de enfrentarme a ello y, afortunadamente, mucha gente se ofreció voluntaria para caminar conmigo una parte del camino.

Me alegro mucho de haber aceptado estas propuestas. Desde que acabé la parte llana hay siempre alguien caminando conmigo, y eso me hace sentir seguro. Tan seguro que puedo dejar mis dudas atrás y disfrutar del entorno.

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4: Escaleras sí, escaleras no

Ahora que la parte llana está superada y he podido enfrentarme a la zona empinada, llega el momento del test final: las escaleras. Tras terminar la última parte de la zona en cuesta, hay muy poca distancia hasta el comienzo de las escaleras. Esos escalones sirven para salvar la última parte del camino, ya que es extremadamente empinada. Mientras llegaba a ellas, mis pensamientos viajaron 43 años atrás en el tiempo. Llegaron a un momento con mi abuelo en el que cuando llegué al final de las escaleras, comencé a correr hacia abajo por un camino muy estrecho. La bajada era tan empinada que no podía parar.

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Todo llega a un final, incluso ese camino tan estrecho. Y eso me forzó a parar abruptamente agarrándome a un árbol muy joven. Tan joven que se dobló un poco por mi impulso. Aparte de algunos pequeños arañazos, no sufrí ningún sangrado adicional. El joven árbol sigue ahí y se ha convertido en un gran árbol, pero está un poco torcido. De pronto, volví al presente. Al llegar a la última curva, vi con horror que las escaleras habían desaparecido. ¿Cómo podía ser eso? ¿A dónde se habían ido las escaleras? Reconocí el árbol inmediatamente, pero las escaleras… traté de mirar y ver si aparecían más arriba.

Pero otra curva y los árboles bloqueaban mi visión. Afortunadamente, en ese momento, llegó una mujer con dos perros. Ella me contó que las escaleras estaban aún allí, pero que hacía unos años, durante unos días de lluvia intensa, se habían cubierto por una capa de barro que las seguía ocultando. ¿Y ahora qué? La mujer me dijo que la cuesta, con una inclinación de más del 30%, era casi imposible subirla y que por eso evitaba ese camino. Eso significaba que yo también tendría que tomar un camino diferente para llegar a la cima. Desafortunadamente, no había escalera sino otra cuesta y un gran rodeo

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Por un momento, temí que el reto se encontraba en serio peligro de no poder completarse. La ruta que estaba obligado a hacer era una que no había hecho casi nunca. Cada curva que tomaba me hacía ver que el camino continuaba más y más inclinado y nunca parecía llegar al final. Este camino atraviesa el bosque de un lado para otro. A estas alturas, mi tobillo estaba acostumbrado al movimiento constante y no estaba oponiendo resistencia.

De pronto, me di cuenta de que estaba bastante cómodo caminando. Ascendía poco a poco, pero completando una gran distancia. Según la aplicación de localización que llevaba, había recorrido más de un kilómetro extra. Si se quiere, se puede... Y lo logré. Esta ruta alternativa había sido completada. Ahora, tenía que prepararme para el gran final. Completar el desafío.

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5: El final

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Ahora que estoy curado de hepatitis C y el virus VIH no era detectable, sigo dando pequeños pasos hacia adelante. No pienso en aquellas cosas que no puedo hacer, si no en las cosas que sí puedo. Impartir charlas acerca de la hemofilia y las coinfecciones y proporcionar entrenamiento en la Fundación “La persona detrás del paciente” (Stichting Mens Achter de Patiënt) son actividades que me gustan y a las que dedico mucho tiempo. Hoy me siento excepcionalmente bien. Puedo decir que he completado el reto.

En este momento tan especial estuve acompañado por Sosia (mi esposa), mi madre y un gran amigo mío. Cuando pude ver el punto que marca el final del camino, las sensaciones de alegría y satisfacción me invadieron. Pensé, voy a tener éxito en este desafío. En ese tramo final, pasé por delante del punto al que habría llegado si hubiera subido por las escaleras. Mirando hacia abajo, pude ver claramente que las escaleras están cubiertas por una capa de barro. Es en ese momento en el que me doy cuenta de que he hecho seis veces la distancia que tenía pensado caminar.

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¿Qué tipo de desafío ha sido este? El mayor desafío diría yo. Al llegar al final me permití un descanso mayor de lo que tenía pensado. Estaba tan orgulloso de mí mismo por llegar y estar allí. Es algo que no me habría podido imaginar que sería capaz de realizar el año pasado y allí estaba. Cuando me llegó la propuesta de realizar un desafío, me vinieron muchos recuerdos a la mente, pero Lienke fortaleció mi mente y eso es algo que he notado también físicamente. Hacer cada día un poquito más para finalmente llegar a completar el reto.

Según estoy aquí, me prometo a mí mismo que esta no será la única vez. De hecho, quiero mantener este nivel de forma física. Así Sosia y yo podremos hacer más cosas juntos de las que hemos podido hacer hasta ahora. Tiendo a pensar demasiado y siempre me imagino obstáculos en mi camino. Obstáculos que me pongo a mí mismo. Voy a dejar que esos obstáculos desaparezcan. No pensar, tan sólo hacer y si al final resulta que algo no puede hacerse, al menos lo habré intentado y habrá una solución. Aprender a dejar ir a esos obstáculos, será la gran recompensa de haber superado este reto. Además, por supuesto, de helado como recompensa extra. La experiencia que he tenido enfrentándome y completando este reto me hacen muy feliz. Es algo que no me habría querido perder por nada del mundo.

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